Iv
El clérigo Iv entro a la posada con algo mas que cansancio, estaba derrotado, abatido, enojado, no consideraba que en todos los años de peregrinaje y todas las pruebas realizadas se pudiera tener menos esperanzas de encontrar a quien buscaba.
El lugar no era algo fuera de lo común, unas cuantas mesas, un barra larga, una puerta al fondo que seguramente iría a la parte posterior o a otra salida, unos cuantos comensales y nada mas.
Con la ira dentro de su corazón se calmo lentamente después de sentarse en un rincón de la posada. Una mesera mas bien gorda y grosera se paró junto a el esperando que pidiera algo. - Cerveza alta- fue la lacónica respuesta, con pesadez en su andar la mesera se alejo a la barra para atender su pedido.
El clérigo Iv cerró los ojos y empezó a musitar su canción interior, la ira no era algo que pudiera controlar con prontitud, desde sus años de estudio como doctrinado sus maestros le habían recalcado la importancia de la ira en su vida, una compañera permanente que había llegado a aceptar.
Una vez con la calma en su corazón se acarició la barba, jugó un poco con sus bigotes, este pequeño juego le traía a la memoria a un maestro muy apreciado por el, el alto clérigo Zo. Ese maestro y amigo fue el primero en conocer de sus impulsos iracundos, y cada vez que jugaba con su bigote trenzándolo, gritaba: Zoo, Zoo, como para calmar a sus caballos, jugando con su nombre y dándole a entender que él era el caballo, el alto clérigo Zo era bonachón y agradable, aunque enérgico con él, sobre todo en sus estudios y ejercicios.
Una pequeña riña entre unos comensales en la mesa contigua le llamo la atención, las riñas en aquellos lugares no eran de extrañar y por mucho que le interesara tomar parte en ella para sacar el exceso de energía contuvo sus caballos para relajarse y no caer en la tentación de una buena pelea, o una mediocre por el aspecto mas bien ebrio y enfermizo de los posibles contendientes.
-Cerveza alta- dijo la mesera, derramando un poco en la mesa. Con una sonrisa forzada pago el consumo y se dedico a hacer un repaso de sus desventuras, -Situaciones a manejar- corrigió con un meneo de cabeza, -como decía el maestro Zo, situaciones a manejar.-
Tenía tres años buscando a quien se supone podría ser entrenado para ser el portador de la espada esmeralda, la espada estaba perdida u oculta por el clan de las guardianas, el acuerdo se había concretado hace mucho tiempo, las guardianas tendrían la custodia de la espada y la orden de clérigos buscaría al portador ideal.
Muchos lo habían intentado y muchos habían fracasado, lo mas que conseguían la mayoría de los clérigos era ganar adeptos para la filosofía del equilibrio, soldados en una guerra contra lo que se podría considerar injusto, los conceptos como todo en la orden eran palabras relativas, cosas que los humanos y unos cuantos no humanos podían tratar de dar a las cosas que no eran necesarias explicar. Así que el concepto de amor, bien y mal eran conceptos que podían explicar el actuar de todos los seres, pero la naturaleza en si, la búsqueda de la perfección era el equilibrio en el actuar, de ahí que la orden era la más adecuada para conseguir encontrar al más común de los comunes.
Repaso el acertijo que implicaba su búsqueda, una persona extraordinaria es alguien que posee dones diferentes a todo lo que se conozca, el que hace las cosas como si fueran fáciles, pero en realidad son cosas que no cualquier puede hacer, una persona común o alguien que puede ser común es porque es igual a los demás, alguien que no destaca, que no hace nada extraordinario, así que buscar al más común de los comunes era difícil, porque quien manejara la espada esmeralda, siendo un portador ideal, uno que no sucumbiera al acertijo de la espada misma, tendría que ser alguien con habilidades normales, nada extraordinario y si encontraba a alguien así es evidente que no podría manejar la espada, así que el callejón se cerraba de repente en sus narices, el mas común de los comunes, tendría que ser extraordinario.
-Calma -pensó- calma-
El acertijo de la espada rezaba "quien porte esta espada deberá ser fiel a si mismo, ni maldad o bondad serán excluidas, si te traicionas perderás mi poder", una y otra vez la historia había visto surgir la espada en manos de héroes y de villanos, de monstruos y de ángeles, se podría decir que la espada tenía sed de sangre pues su poder había estado al servicio de personas extraordinarias malvadas o justicieras, el momento en que la espada dejaba al portador era cuando ese portador se traicionaba a sí mismo, si era alguien malvado y defendía la justicia la espada caía de sus manos y no volvía a empuñarla jamás, si era justicia lo que repartía y mataba por venganza la espada caía y no podía ser empuñada, además de eso no cualquiera podía ser el portador, la habilidad del guerrero era necesaria, en un combate la espada actuaba como otra cualquiera, una vez probado el portador la espada se acoplaba con él y todos sus poderes se desplegaban en batalla, formando reyes poderosos o crueles dictadores.
Quien resolvió el acertijo fue un antiguo clérigo llamado Elid, el había pensado que quien no se podría traicionar en el portar de la espada sería un ser que no quisiera ni justicia ni malevolencia, que no usara la espada para algún propósito en específico, sino alguien que fuera común y corriente, que tuviera habilidades o capacidad de usar la espada, pero con un carácter, con una filosofía, con una forma de pensar que permitiera hacer uso de la espada sin traicionarse a si mismo, porque no vería la espada como un objeto para alcanzar su fin, sino solo como un objeto que usa sin importar el fin en si mismo.
Esta manera de pensar se había comprobado unos cien años atrás cuando accidentalmente un joven de una villa cualquiera había jugado con la espada de manos de uno de los guardianes de la orden temporales, pudo este joven derrotar a unos soldados solo por diversión, un concepto nuevo en palabras de su maestro Zo, con esa forma de pensar fue entrenado en el arte de la guerra y fue un gran general de batallas, al servicio de la mejor aventura que pudiera vivir, uso la espada hasta el día de su muerte ante una gran orda de guerreros enemigos, quienes empuñaban armas también extraordinarias, en un último sacrificio destruyo a todos sus enemigos pero cayó por un veneno que le había sido dado días antes en una traición de un clérigo renegado.
La espada estuvo perdida por algún tiempo hasta que el clan de las guardianas la encontró y se hizo el pacto entre la orden y las guardianas. El poder de la espada y la habilidad del guerrero eran importantes, pero encontrar quien usara la espada sin motivo alguno, ni bueno ni malo, un motivo alternativo era lo mas difícil a lo que se habían enfrentado.
Volviendo a pocos días atras, su caballo había muerto por una mordedura venenosa, había caminado varios días con nada mas que unos pedazos de pan en su estomago hasta que dio caza a un ave que pudo cocinar sin nada de sabor, después como si no faltara mucho el clima de la región cambio abruptamente y llovió sin clemencia, refugiado en unas cuevas cercanas tuvo que contar las gotas de lluvia como entretenimiento y meditar en lo que pudiera seguir en su camino, al final un día antes consiguió que lo llevaran en una carreta y cuando llego al pueblo pensó en que por el momento sus penurias (situaciones a manejar se repitió mentalmente), había llegado a su fin, cuando unos chiquillos le habían robado el dinero a la vista que siempre cargaba para tentar a ese tipo de delincuentes.
Cansado, iracundo, somnoliento, determino que había llegado el momento de una pausa y continuar dentro de uno o dos días, decidido, pregunto por las habitaciones y después de pagar con el dinero secreto dentro de sus botas subió a descansar, dentro de la habitación había una ventana al exterior que daba a la parte posterior de la posada, en ella vio a un joven alto musculoso, que cortaba madera presumiblemente para la posada, aunque algo jóven se adivinaba inocencia en su rostro, algo un poco fuera de lo habitual entre seres de aquellos lugares.
Llegaron otros jóvenes un poco mas morenos que el muchacho, se adivinaba que trabajaban en labores de campo por sus manos enguantadas y sus cuerpos toscos, empezaron a arrojar piedras contra el chico, rumiando el clérigo pensó en la posibilidad de defender al chico pero decidió observar para saber como reaccionaría.
Al chico le llovían piedras bien lanzadas a sus piernas y a su cuerpo, su torso desnudo dejaba ver marcas de pequeñas heridas de tiempo atrás, uno de los mas grandes Ox como lo llamaban sus amigos le aviso de un tiro rápido a la cabeza y el muchacho lo esquivo con algo de torpeza, Ox le aviso de otra piedra esta lanzada más rápido que la anterior, lo que sorprendió a Iv, el chico ahora no solo la esquivo sino que con una madera cortada regresó el golpe de la piedra lanzándola varios metros en el cielo aterrizando fuera de la vista de Iv, los chicos se rieron y hubo una pausa tensa entre ellos y el chico cortador de leña, después se rieron entre ellos y se fueron sin decir mas.
Iv pudo notar una especie de sonrisa de parte del llamado Ox y un asentimiento de cabeza del cortador de leña.
Algo interesante esta situación - pensó Iv, talvez valga la pena investigar más a este muchacho.
Continued...